Adiós, Madiba.
Hoy el mundo llora su muerte, los políticos se deshacen en halagos, ¡hasta la bandera de la Casa Blanca ondea a media hasta! Podría darme esperanza, pero me da pena. Ojalá cada uno de los dirigentes que han expresado su pésame por tamaña pérdida, tuvieran una milésima parte de su coraje para luchar, verdaderamente, por un mundo mejor. Con distintos métodos en las distintas etapas de su vida -larguísima, intensa, en un país donde la esperanza de vida es hoy de 53 años, según UNICEF- siempre bajo unos ideales claros e inamovibles. No hay que olvidar que Mandela fue un guerrillero. Que, pese a permanecer casi tres décadas en la cárcel, nunca fue considerado un preso de conciencia. Y así lo dijo en una ocasión: "No quiero ser presentado de forma que se omitan los puntos negros de mi vida". Supo perdonar, supo reconciliar, supo unir en la diversidad y adversidad. Eso le engrandece. Ojalá hubiera muchas personas así: coherentes, porque sus bellos discursos iban sincronizados con sus actos. No como todas estas figuras públicas que ahora lo definen, literalmente, como un "ejemplo a seguir" mientras hacen todo lo contrario en su día a día. Por eso el mundo no cambia, por eso África sigue siendo el continente olvidado. El mundo está enfermo de incoherencia.
Pese a que dar mis opiniones no es el objetivo de este blog, hoy hago una excepción. Porque el baobab es el símbolo de África y Madiba ha dedicado su vida a luchar por el bienestar de su continente, este baobab está de luto. Por ser luz de esperanza en este mundo incoherente, descanse en paz.
Foto: Reuters
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